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sábado, 26 de junio de 2010

¿CONTRA QUIEN ES NUESTRA LUCHA?

En toda la historia del hombre aquí en la tierra, ha sido de luchas, y de continuo el hombre se ha encontrado con emisarios del mal. La pregunta es: ¿Qué hacen aquí esos demonios? ¿Cómo venimos a un planeta tan infestado con el mal? La Biblia enseña que los ángeles fueron creados para ser santos (Marcos 8:38), pero en algún punto, algunos ángeles se rebelaron contra Dios en forma deliberada. Dios juzgó a estos ángeles rebeldes. Algunos fueron encadenados en el infierno, pero otros fueros dejados en libertad para oponerse a Dios y a su reino. ¿Por qué haría Dios eso? ¿Por qué dejaría libre a una fuerza que se le iba a oponer? Dios siempre ha tenido un plan para el hombre, desde que fue formado y puesto en el Edén; Dios quería que gozara de todos los beneficios que había creado para él. Ahora bien cuál era el plan de Dios después de la caída del hombre. Todos aquellos beneficios que tenía el hombre en el Edén los había perdido por su desobediencia, ahora no solo tenía que ganarse su alimento sino que tenía que enfrentarse a estos emisarios del mal que estaban fuera del Edén. El desarrollo del hombre fuera del Edén dependería de su potencial máximo y de una experiencia contra el adversario. Eso es, Dios quería que aprendiésemos a combatir.

Los hombres de Dios son una raza de guerreros, hechos a imagen de Dios y destinados a reinar juntamente con él. En nuestra naturaleza está el impulso de conquistar algo, de controlar algo. Este deseo se puede pervertir en codiciar el poder motivados por el orgullo, o se puede someter y usar en el gobierno misericordioso del reino de Dios. Fuimos destinados para gobernar con Cristo. Formado por los hijos redimidos de Adán, Pero antes de la eternidad viene una breve experiencia de luchas aquí en la tierra.

En nuestra lucha, nuestro blanco no es el hombre; el blanco es Satanás y sus demonios. No debemos usar nuestras fuerzas para luchar contra la creación de Dios, sino contra seres espirituales de las tinieblas. Necesitamos la fuerza del poder de Dios, porque estamos haciendo guerra contra un enemigo espiritual. Nuestra lucha no es contra carne y sangre sino contra principados y potestades de las tinieblas.

Satanás se ha ocupado de mantener encarcelada a mucha gente con sus mentiras y llevándolas al error. Los mismos fariseos, y el mismo Pablo fueron presa de este enemigo.

ellos se levantaron para hablar cosas pervertidas contra las enseñanzas saludables de Nuestro Señor Jesucristo, el enemigo había llenado sus pensamientos de prejuicios, y se justificaban así mismo; un día el Señor díjoles: Vosotros sois los que os justificáis á vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación. (Lucas 16:15)

Jesús traía la verdad; y esta haría libre a todo aquel que en ella creyera. Para que la fe del creyente fuera fundada en el poder de Dios Padre. Las cosas que el Señor nos ha revelado: nos lleva más cerca a Él, y las cosas que El nos dará cada día nos llevará a una espiritualidad más profunda, el propósito del Señor era llevar al hombre hacia el Padre, en el no había pensamientos con prejuicio que condenara al pecador, su tarea en la tierra no era condenar al mundo si no salvarlo. Si nuestros pensamientos no son dirigidos por el Espíritu Santo podríamos caer en la condición de los fariseos y ser llevados al error. El mismo Pablo después de su encuentro con Jesucristo, sus pensamientos llenos de prejuicios fueron liberados y tenia cuidado de ello.

ASI que, hermanos, cuando fui á vosotros, no fui con altivez de palabra, ó de sabiduría, á anunciaros el testimonio de Cristo. Porque no me propuse saber algo entre vosotros, sino á Jesucristo, y á éste crucificado. Y estuve yo con vosotros con flaqueza, y mucho temor y temblor; Y ni mi palabra ni mi predicación fueron con palabras persuasivas de humana sabiduría, mas con demostración del Espíritu y de poder; Para que vuestra fe no esté fundada en sabiduría de hombres, más en poder de Dios. (1 Corintios 2:1-5)

Y nosotros hemos recibido, no el espíritu del mundo, sino el Espíritu que es de Dios, para que conozcamos lo que Dios nos ha dado; (1 Corintios 2:12)

El diablo no ha descansado en llevar al hombre en un estado de encarcelamiento, manipulado por sus mentiras y maquinaciones en las mentes y pensamientos del hombre y así tenerlos en el error y en una completa opresión de derrota.

Satanás puede encadenar el alma, pero no es capaz de encadenar el espíritu a menos que nosotros voluntariamente nos sometamos a sus engaños: Los pecados son prisiones, cadenas para la vida del creyente. La amargura, el rencor, los resentimientos, son cadenas que encarcelan el alma, y obstruyen al espíritu para vivir una verdadera libertad, el ser benignos, bondadosos, misericordiosos, nos harán libres. (Efesios 4:31-32)

El enojo es una cárcel. Voluntariamente lo dejamos entrar para vivir encadenados, no somos libres, vivimos esclavizados por la persona que causa el enojo, seremos esclavos de la persona odiada. El rencor, los resentimientos son cadenas que voluntariamente llevamos. Por eso, (Efesios. 4:26), dice “Enojaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo”. Salga de la cárcel antes de que se ponga el sol. No duerma en la cárcel.

Una vida en el espíritu nos mantendrá lejos de las asechanzas y maquinaciones de satanás, mientras que las obras de la carne y los afanes del mundo nos exponen hacer presa fácil del enemigo.

El verdadero crecimiento espiritual, empieza cuando consagramos (Dedicamos) nuestra vida a Dios para servirle.

El nuevo nacimiento cristiano nos debe llevar a consagrar nuestra vida a Dios para fortalecer nuestra vida espiritual, y crecer en sabiduría y gracia delante de nuestro Padre. Jesús fue un ejemplo a seguir. Y el niño crecía, y fortalecíase, y se henchía de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él. Y Jesús crecía en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres. (Lucas 2:40; 52)

Los cristianos en crecimiento espiritual pensamos que sabemos lo que supuestamente nosotros debemos hacer, pero nosotros no sabemos cómo hacerlo.

En cada etapa de nuestro vida espiritual debemos recibir fundamentos de crecimiento que solo podremos recibir por la palabra.

Estos fundamentos son tan importantes entenderlos para poder efectivamente desarrollar una vida espiritual más saludable, y que podamos desarrollarnos en un correcto crecimiento.

Cuando Adán peco, él fue separado de Dios por el pecado. El resultado de esa separación de Dios alcanzo a toda la generación humana, esta condición solamente puede ser invertida, si rompemos esa barrera del pecado que nos separan de su presencia. El arrepentimiento hacia Dios y la fe en nuestro Señor Jesucristo rompe esta barrera.

Al momento de que una persona coloca su confianza en Cristo esa persona es nacida del espíritu, eso significa que el Espíritu Santo entra en el espíritu humano. El Espíritu Santo es ahora capaz de transformar a esa persona, porque el cambio puede darse lugar desde adentro. Si el cambio de la persona está sucediendo desde adentro, la persona crecerá y madurará espiritualmente.

Sin embargo, muchos nuevos cristianos no entendemos eso, y tratamos de cambiarnos a mismos por medio de seguir cierto grupo de reglas. Así como no podemos ser salvos por medio de obras, nosotros no podemos madurar espiritualmente por medio de obras. Cuando nosotros tratamos de madurar por nuestros propios esfuerzos entonces tenemos el problema del “YO”.

El hombre exterior, nuestro “YO” siempre manifestara su capacidad, física, intelectual y emocional; pero la verdadera transformación empieza en nuestro hombre interior, en nuestro espíritu.

¿Por qué? Porque el espíritu se opone a las obras de la carne. Esta es la lucha en nuestro crecimiento espiritual; pero si consagramos nuestra vida y rendimos nuestra voluntad a Dios entonces tendremos un crecimiento y una madurez espiritual.

Porque lo que hago, no lo entiendo; ni lo que quiero, hago; antes lo que aborrezco, aquello hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no obro aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí (es á saber, en mi carne) no mora el bien: porque tengo el querer, mas efectuar el bien no lo alcanzo. Porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, éste hago. Y si hago lo que no quiero, ya no obro yo, sino el mal que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: Que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios: Mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi espíritu, y que me lleva cautivo á la ley del pecado que está en mis miembros. Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará del cuerpo de esta muerte? Gracias doy á Dios, por Jesucristo Señor nuestro. (Romanos 7:15-25)

sábado, 12 de junio de 2010

JUICIO Y PREJUICIO

JUICIO Y PREJUICIO

El juicio del hombre sin la guía del Espíritu Santo, puede volverse prejuicio

Mas Jehová permanecerá para siempre: Dispuesto a su trono para juicio. Y él juzgará el mundo con justicia; Y juzgará los pueblos con rectitud. Y será Jehová refugio al pobre, Refugio para el tiempo de angustia. (Salmos 9:7-9)

JUICIO ¿Qué podemos entender por juicio? Ejercicio del entendimiento en virtud del cual se puede discernir la realidad, inclusive el bien y el mal, y así formar una opinión en cuanto a la naturaleza real de alguna cosa o hecho, o el verdadero carácter moral de alguna persona. Por lo general, cuando la Biblia habla de juicio, se da por sentado que el juez es Dios. El juicio de Dios, es desde luego, infalible. Él juzga al mundo en dos dimensiones, la histórica y la escatológica (lo relativo al mas allá).

Especialmente en el Antiguo Testamento hay varias referencias al juicio de Dios sobre la humanidad en ciertas situaciones históricas. A veces Dios juzga a individuos como Adán y Eva, Ananías y Safira. Pero asimismo juzga a las naciones, sobre todo a Israel y las naciones circunvecinas. Destruye a los dioses falsos.

(Génesis 3: 16-19; Hechos 5.1-11; Oseas 5.1; Isaías 16.6, 7; Sofonías 2.11)

La mayor parte de la enseñanza bíblica sobre el juicio, se refiere al futuro, o sea a la dimensión escatológica. "De la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio". El juicio definitivo es el del gran trono blanco, cuando todos aquellos cuyo nombre no esté escrito en el libro de la vida serán lanzados al lago de fuego. Este juicio establece la terrible y eterna diferencia entre el cielo y el infierno. Los que pasarán la eternidad en el infierno serán condenados por su propio pecado. Los que van al cielo no van por sus propias buenas obras, sino por su FE en Cristo, que es la base de la SALVACIÓN y el corazón del EVANGELIO.

(Hebreo 9.27; Apocalipsis 20.11, 12, 15; Romanos 6.23; Efesios 2.8-9; Romanos 3.21-24; 1 Corintios 15.3; 1 Juan 1.7)

De manera que el juicio de Dios sobre el hombre y el mundo, se llevó a cabo en la cruz del calvario sobre Cristo. En ella Él fue "hecho pecado". Aunque Cristo nunca pecó, el juicio de todos los pecados del mundo cayó sobre Él. Así pues, el juicio final de quienes se identifican con Cristo y tienen fe en su sangre, ya se ha verificado en el Calvario. Como consecuencia, el creyente se considera justo, y no tiene ningún temor del juicio final.

No obstante, queda todavía un juicio escatológico que se llama "el tribunal de Cristo". Ya no se trata de la salvación y la condenación eterna, sino de un juicio sobre la eficacia de nuestra vida como hijos de Dios en la tierra. Este juicio será de "fuego" y las obras buenas que el cristiano ha hecho perdurarán (como "oro, plata, piedras preciosas"), pero las malas perecerán (como "madera, heno, hojarasca"). Con todo, "en el amor no hay temor" y tenemos "confianza en el día del juicio".

(2 Corintios 5.21; Mateo 27.46; Romanos 5.18; Romanos 8.1; Corintios 5.10; 1 Corintios 3.12-15; 1 Juan 4.17, 18)

Antes de la obra redentora de nuestro Señor Jesucristo, el hombre tenía que presentar un sacrificio que era por expiación de culpa y era presentada delante de Jehová. ASIMISMO esta es la ley de la expiación de la culpa: es cosa muy santa. En el lugar donde degollaren el holocausto, degollarán la víctima por la culpa; y rociará su sangre en derredor sobre el altar: Y el sacerdote lo hará arder sobre el altar; ofrenda encendida á Jehová: es expiación de la culpa. (Levítico 7:1-6)

Si el sacrificio de un animal y la sangre rociada sobre un altar era presentado como expiación de culpa, cuanto más la sangre de nuestro Señor Jesucristo que fue rociada en la cruz del calvario nos limpiara de toda culpa, si confesamos nuestra falta delante de Él.

Toda culpa debe ser confesada a quien intercede todos los días por nosotros y este es Nuestro Señor Jesucristo, quien es nuestro abogado en los cielos. "No juzguéis, para que no seáis juzgados", se ha creído que el hombre no debe juzgar. Sin embargo, la Biblia enseña que aunque el juicio del hombre es falible, es también importante y debe emplearse en muchos casos.

Por ejemplo, en el Antiguo Testamento Dios llamó a Moisés para juzgar a su pueblo, en ciertos casos el pueblo mismo tenía que juzgar, y Dios levantó jueces con el mismo fin. Asimismo, el Nuevo Testamento enseña que el juicio del creyente debe comenzar consigo mismo.

(Mateo 7.1) (Éxodo 18.13) (Números 35.24) (Jueces 2.16) (1 Corintios 11.31; 2.15; 5.1-3; 6.1-8). (Ro 13.1-5)

PREJUICIO ¿Que podemos entender por Prejuicio? Una opinión preconcebida y generalmente distorsionada, formulada sin considerar los datos con honestidad.

El prejuicio ciega la razón y se cierra ante argumentos convincentes. El prejuicio lleva a juicios temerarios y a la calumnia. Con frecuencia justifica y fomenta el rechazo o el odio. Es contrario a la caridad, a la verdad y a la justicia.

Cuando es hallado algún pecado en el prójimo, el hombre busca sentirse superior a su prójimo y con facilidad cae en prejuicios. Los grupos minoritarios han sido con frecuencia víctimas del prejuicio de los grupos dominantes. Todo cristiano debe luchar contra el prejuicio reconociendo que también nosotros somos vulnerables a caer en el pecado de prejuicio. Imitemos a Jesucristo, que se entregó por la salvación de todos, aun cuando éramos sus enemigos.

No se debe confundir el prejuicio (que es opinión preconcebida) con el juicio objetivo sobre lo que constituye virtud o vicio. Y que debe ser llevado por la dirección del Espíritu Santo.

Este tipo de forma de pensar está vinculada a la discriminación. Los prejuicios suelen ser negativos (se rechaza a algo o alguien antes de tener el conocimiento suficiente para juzgarlo con motivos) y fomentan la división entre las personas: si un sujeto cree que alguien es malo, no se acercará ni siquiera para conocerlo y comprobarlo.

Un día un hombre de color fue a una iglesia cristiana que le estaba cerca, y tenía el propósito de hablar con el pastor al terminar el culto. Cuando entró en el templo, la comisión de recepción se negó a proporcionarle un asiento, y a él, le sugirieron que fuera a una iglesia de negros. Aquel hombre salió de aquel templo para no volver más. Y pensó “Si también los cristianos tienen diferencias de clase”, “permaneceré siendo un simple creyente, y desde allí atacaré el mal”.

Dios no muestra un favoritismo parcial, tampoco debemos hacerlo nosotros. Cualquiera que muestra discriminación es como un “juez con malos pensamientos” En cambio, debemos “amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos”. En el Nuevo Testamento, podemos ver que se notaban dos grupos “raciales”; los judíos y los gentiles. La intención de Dios fue que los judíos fueran un reino de sacerdotes, ministrando a las naciones gentiles. En vez de eso, la más de las veces, los judíos se volvieron orgullosos de su posición y despreciaban a los gentiles. Jesucristo puso fin a esto, destruyendo el muro divisorio de hostilidad. Todas las formas de racismo, prejuicio y discriminación son afrentas a la obra de Cristo en la cruz.

(Deuteronomio 10:17; Hechos 10:34; Romanos 2:11; Efesios 6:9)(Santiago 2.4, 8) (Efesios 2:14)

Jesús ordena que nos amemos unos a otros como Él nos ha amado. Si Dios es imparcial, y nos ama imparcialmente, significa que necesitamos amar a los demás de la misma manera. Jesús nos enseña que todo lo que hagamos por el más pequeños de Sus hermanos, lo hacemos por ÉL. Si tratamos a las personas con desprecio, estamos maltratando a una persona creada a la imagen de Dios; estamos lastimando a alguien a quien Dios ama y por quien Jesús murió. (Juan 13:34)(Mateo 25.45)

El racismo, en sus varias formas y diversos grados, ha sido una plaga en la humanidad por miles de años. Hermanos y hermanas, ¡esto no debe ser así! Quienes han sido víctimas del racismo, prejuicio y discriminación, necesitan perdonar. Efesios 4:32 dice, “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” Debemos presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.” (Romanos 6:13). Hagamos que Gálatas 3:28 sea una completa realidad, “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.”

Solo hay uno que se ocupa de llevar toda acusación delante del padre, y este es uno de los tantos nombres que tiene satanás, el acusador, pero todo aquel que ha venido a salvación ha sido dotado de la virtud y el poder de su Cristo, y ellos han vencido por la sangre del cordero y la palabra de su testimonio.

Y oí una grande voz en el cielo que decía: Ahora ha venido la salvación, y la virtud, y el reino de nuestro Dios, y el poder de su Cristo; porque el acusador de nuestros hermanos ha sido arrojado, el cual los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Y ellos le han vencido por la sangre del Cordero, y por la palabra de su testimonio; y no han amado sus vidas hasta la muerte. (Apocalipsis 12:10-11)

En esto son manifiestos los hijos de Dios, y los hijos del diablo: cualquiera que no hace justicia, y que no ama á su hermano, no es de Dios.

Porque, este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos á otros. No como Caín, que era del maligno, y mató á su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas. Cualquiera que aborrece á su hermano, es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permaneciente en sí. Si alguno dice, Yo amo á Dios, y aborrece á su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama á su hermano al cual ha visto, ¿cómo puede amar á Dios á quien no ha visto? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de obra y en verdad. (1 Juan 3:10-12; 1 Juan 3:15; 1 Juan 4:20; 1 Juan 3:18)

¿Cuántos prejuicios hay en nuestras mentes hacia nuestro prójimo?

viernes, 28 de mayo de 2010

FUNDADOS EN LA ROCA

FUNDADOS EN LA ROCA

Estamos viviendo un tiempo muy serio en esta era con el Señor, ¿como debemos edificar? SI Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican: Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guarda.

Por demás os es el madrugar á levantaros, el veniros tarde á reposar, El comer pan de dolores: Pues que á su amado dará Dios el sueño.

He aquí, heredad de Jehová son los hijos: Cosa de estima el fruto del vientre.

Como saetas en mano del valiente, Así son los hijos habidos en la juventud.

Bienaventurado el hombre que hinchió su aljaba de ellos: No será avergonzado Cuando hablare con los enemigos en la puerta. Salmo 127:1-5

La roca es la relación divina de Jesucristo, el cual seria el fundamento para nuestra vida como miembros de este cuerpo, el no necesita de nosotros, pero si necesita nuestro apoyo para poder edificar, ¿como sabemos si en verdad estamos edificando sobre la roca? Ismael edifico sobre madera pero Isaac edifico en oro y plata, cada uno tenemos este reto. No debemos confiar en nuestra fuerza, habilidad, o experiencia.

Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová.

Pues será como la retama en el desierto, y no verá cuando viniere el bien; sino que morará en las securas en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada.

Bendito el varón que se fía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.

Porque él será como el árbol plantado junto á las aguas, que junto á la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viniere el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de hacer fruto.

Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?

Yo Jehová, que escudriño el corazón, que pruebo los riñones, para dar á cada uno según su camino, según el fruto de sus obras. Jeremías 17:5-10

El cristiano de este tiempo confía en su preparación, y superación, porque confía en los motivos de su corazón, los que confiamos en Jehová no veremos la sequía de nuestro fruto.

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que está en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer.

El que en mí no estuviere, será echado fuera como mal pámpano, y se secará; y los cogen, y los echan en el fuego, y arden. Juan 15:4-5

No podremos edificar en el reino de Dios sin Jesucristo, podemos hacer muchas cosas fuera de su reino, por nuestras propias fuerzas, pero solo en Jesucristo podemos edificar en su reino, debemos pedirle que guarde nuestro corazón, el pámpano no puede llevar fruto sino esta en la vid, la luz no puede dar luz sino esta conectada a la fuente que es la energía. Jesucristo es la fuente de nuestra vida, y desconectados de El no podremos dar fruto y luz. La carne cree en su propia fuerza y no quiere depender de su Dios. Lo contrario del espíritu que esta sometido a la voluntad de Dios. Y esta es la lucha entre la carne y el espíritu, podremos estar llenos en el espíritu, ¿pero caminamos en el espíritu? Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu. Gálatas 5:25

Caminar en el espiritu es someter toda nuestra voluntad a Dios.

HE aquí mi siervo, yo lo sostendré; mi escogido en quien mi alma toma contentamiento: he puesto sobre él mi espíritu, dará juicio á las gentes.

No clamará, ni alzará, ni hará oír su voz en las plazas.

No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare: sacará el juicio á verdad.

No se cansará, ni desmayará, hasta que ponga en la tierra juicio; y las islas esperarán su ley.

Así dice el Dios Jehová, el Criador de los cielos, y el que los extiende; el que extiende la tierra y sus verduras; el que da respiración al pueblo que mora sobre ella, y espíritu á los que por ella andan:

Yo Jehová te he llamado en justicia, y te tendré por la mano; te guardaré y te pondré por alianza del pueblo, por luz de las gentes; Isaías 42:1-6.

Esta obediencia nos llevara a edificar sobre la roca, pero en cada momento debemos escudriñar nuestro corazón para saber en que estamos edificando.

Porque nosotros, coadjutores somos de Dios; y vosotros labranza de Dios sois, edificio de Dios sois.

Conforme á la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima: empero cada uno vea cómo sobreedifica.

Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.

Y si alguno edificare sobre este fundamento oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca;

La obra de cada uno será manifestada: porque el día la declarará; porque por el fuego será manifestada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego hará la prueba.

Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa.

Si la obra de alguno fuere quemada, será perdida: él empero será salvo, mas así como por fuego. 1Corintios 3:9-15

El hombre condena por lo que ve, porque no puede ver lo interior, Cristo pudo perdonar y no condenar porque el puede ver y escudriñar lo profundo de nuestro corazón, el quiere llevarnos mas cerca y dependientes de El. Los que edificamos en nuestra propia fuerza, pensamos que lo que tenemos nos pertenece, queremos someter a las gentes para que nos sirva, y dejamos que nuestro corazón sea lleno por nuestra auto dependencia y no depender del Señor; Solo la gracia de nuestro Señor Jesucristo nos lleva para que sea manifestada su gloria.

Empero por la gracia de Dios soy lo que soy: y su gracia no ha sido en vano para conmigo; antes he trabajado más que todos ellos: pero no yo, sino la gracia de Dios que fué conmigo. 1Corintios 15:10

El cual nosotros anunciamos, amonestando á todo hombre, y enseñando en toda sabiduría, para que presentemos á todo hombre perfecto en Cristo Jesús:

En lo cual aun trabajo, combatiendo según la operación de él, la cual obra en mí poderosamente. Colosenses 1:28-29