LA LEY DEL ESPIRITU DE VIDA
Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. (Romanos 8:2) El Espíritu Santo recibe aquí el nombre de Espíritu de vida, pues es Él quien la produce. Él actuaba en la vida terrenal del Señor Jesús. Por eso el Señor Jesús traía la vida a todo lugar adonde llegaba.
El mismo Señor Jesús, después de haber muerto, se levantó por el poder del Espíritu de vida. Nosotros hemos sido liberados del poder del pecado y de la muerte por este mismo Espíritu de vida. La ley prometía la vida a quien la cumpliera. Pero nadie pudo cumplir la ley porque en la carne no hay fuerza para ello. Porque la intención de la carne es muerte; más la intención del espíritu, vida y paz: Por cuanto la intención de la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta á la ley de Dios, ni tampoco puede. Porque sabemos que la ley es espiritual; más yo soy carnal, vendido á sujeción del pecado. (Romanos 8:6-7; 7:14)
De acuerdo con el Nuevo Testamento, la naturaleza pecaminosa del hombre no se puede superar con el esfuerzo de seguir la Ley de Dios, por lo tanto, sólo mediante la fe en Jesucristo, y un renacer espiritual, puede vencerse esta naturaleza, y por consiguiente se puede dejar de pecar.
Para nuestra fortuna “el favor de Dios se hizo visible trayendo la salvación para todos los hombres”. En Jesús se revela la amnistía que Dios concede, (el olvido de todo pecado), única y exclusivamente por la fe, como dice la Escritura: el que se rehabilita por la fe, vivirá. El Evangelio de Pablo es la buena noticia y la fuerza de Dios para salvar a todo el que cree, judío o griego El Espíritu viene a través de la fe y no por la ley. La función de la Ley no era salvar sino llevar hasta Cristo,
Porque la gracia de Dios que trae salvación á todos los hombres, se manifestó. He aquí se enorgullece aquel cuya alma no es derecha en él: mas el justo en su fe vivirá. Porque en él la justicia de Dios se descubre de fe en fe; como está escrito: Mas el justo vivirá por la fe. Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, ó por el oír de la fe? Empero antes que viniese la fe, estábamos guardados bajo la ley, encerrados para aquella fe que había de ser descubierta. De manera que la ley nuestro ayo fue para llevarnos á Cristo, para que fuésemos justificados por la fe. Mas venida la fe, ya no estamos bajo ayo; Porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. (Tito 2:11; Habacuc 2:4; Romanos 1:17; Gálatas 3:2; 24)
Dios nos rehabilita por la fe en Jesucristo y por su sangre. Jesús murió por los culpables, cuando aun éramos pecadores. La muerte del Hijo de Dios nos reconcilia con El. “Donde se multiplicó el pecado sobreabundó la gracia: el pecado reinaba dando muerte, ahora la gracia reina concediendo el perdón que llega hasta la vida eterna, gracias al sacrificio de Jesús, Mesías, Señor nuestro.
Porque Cristo, cuando aún éramos flacos, á su tiempo murió por los impíos. Ciertamente apenas muere algún por un justo: con todo podrá ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliado con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, mas aun nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por el cual hemos ahora recibido la reconciliación. La ley empero entró para que el pecado creciese; mas cuando el pecado creció, sobrepujó la gracia; Para que, de la manera que el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna por Jesucristo Señor nuestro. (Romanos 5:6-8; 5:10-11; 5:20-21).
Por el bautismo quedamos vinculados a su muerte y por ello creemos que también viviremos con El. Cristo resucitado ya no muere, la muerte no tiene dominio sobre El. (Romanos 6:3-10)
El nuevo régimen de vida para el cristiano es un régimen de gracia, en donde el pecado ya no ejerce ningún dominio. Servimos a Dios en virtud de un espíritu nuevo, no de un código antiguo. A los que son de Jesucristo ya no los acosa condena alguna, pues el régimen del Espíritu de la vida los libera del pecado y de la muerte. Ya no son esclavos, sino hijos y herederos. En esa nueva situación el cristiano no vive ya sujeto a los bajos instintos, sino al Espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en él. Son hijos de Dios los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios
Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. Más vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios. (Romanos 6:14; 8:9; 8:14)
La ley entera queda cumplida con un solo mandamiento, el del amor al prójimo. Para San Juan, Jesús es la nueva ley, de amor y de fidelidad con su mandamiento nuevo de amarnos los unos a los otros como El nos ha amado. Santiago apóstol. Enseña que el Evangelio es la nueva ley, la ley de libertad, que se condensa en un solo precepto, el del amor
Porque toda la ley en aquesta sola palabra se cumple: Amarás á tu prójimo como á ti mismo. Porque la ley por Moisés fue dada: mas la gracia y la verdad por Jesucristo fue hecha. Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos á otros: como os he amado, que también os améis los unos á los otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. Este es mi mandamiento: Que os améis los unos á los otros, como yo os he amado. Mas el que hubiere mirado atentamente en la perfecta ley, que es la de la libertad, y perseverado en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este tal será bienaventurado en su hecho. Si en verdad cumplís vosotros la ley real, conforme á la Escritura: Amarás á tu prójimo como á ti mismo, bien hacéis: Mas si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y sois reconvenidos de la ley como transgresores. (Gálatas 5:14; Juan 1:17; 13:34-35; 15:12; Santiago 1:25; 2: 8)
Nuestra vida debe estar regida por la Ley del Espíritu, y no por la ley del pecado. Pero la una supera a la otra, nunca estas dos leyes funcionaran con el mismo poder. Si hoy descuidamos nuestra relación con Dios y no nos acercamos a él, la ley del pecado entrará sutilmente con su poder, pero si hoy dependemos de Dios y nos gozamos en su presencia, La Ley del Espíritu de Vida entrará. Una ley no elimina la otra, sino que la supera. Con la misma confianza que tenía Pablo cuando dijo: Porque la ley del Espíritu de Vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte, Con esa misma confianza debemos hablar y vivir en este día, porque debemos acercarnos a Dios para tomar de su fuente el agua fresca de su amor, su poder y su presencia.
En la cruz, el Señor Jesús, nuestro Salvador, conquisto la ley del pecado y de la muerte y hoy, vivimos y caminamos en esa victoria. Sin embargo, con cuidado debemos andar ya que si descuidamos lo conquistado se nos puede escapar, si la Ley del pecado y de la muerte llegaré a superar por nuestro descuido la Ley del Espíritu de Vida, entonces daremos lugar al pecado. Más ahora, confiando en el Señor de vida en quien podemos esperar y a quien debemos amar.
Nuestra vida está regida por leyes, es verdad. Pero también nuestro espíritu está regido por leyes. Hoy le damos gracias a nuestro Dios por la Ley del Espíritu de Vida en Cristo Jesús, porque esa ley que opera desde el calvario ya nos ha librado de la Ley del pecado y de la muerte. Hoy debemos vivir regidos por esa ley del Espíritu de vida y entonces no temeremos a la sutileza del pecado, porque la Ley del Espíritu supera la ley del pecado. Amén.
Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:6)
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